Punto
de vista
El
triunfo de un "tapado" y el
futuro de Cassaba
La
victoria del ignoto Jorge
Rizzo en las elecciones del
Colegio de Abogados rompió
con todos los pronósticos.
Con su oposición a Cassaba
como lema de campaña, llegó
a la presidencia de la institución
y promete cortar con un sistema
previsional que cosechó oposiciones
desde el index.
Por Fabián Rodríguez Simón,
socio de Llerena & Asociados
La creación de Cassaba por
la Ley 1.181 de la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires resultó
flagrantemente violatoria
del Artículo 125 de la Constitución
Nacional, que establece con
toda claridad que la ciudad
sólo puede conservar los organismos
de seguridad social preexistentes
a la reforma constitucional
de 1994 y no crear nuevos.
A ello debe agregarse que
la afiliación compulsiva de
los abogados matriculados
en la ciudad a dicha Caja
sería contraria al Artículo
14 de la Constitución y que
el encarecimiento del acceso
a la Justicia que implica
vulneraría el Artículo 18.
Claro que ni la violación
de normas y garantías constitucionales
ni la resistencia de la mayoría
de los colegas a la afiliación
forzosa preocupó en absoluto
a la burocracia sindical que
impulsó y festejó la sanción
de tal ley. Si abogados y
clientes sentían que, contra
su voluntad y sus intereses,
se les metía la mano en el
bolsillo para pagar los sueldos
y gastos de los administradores
del flamante organismo, adquirir
faraónicos e innecesarios
inmuebles o financiar publicaciones
autoensalzatorias, era problema
suyo y ya se acostumbrarían.
El volumen del dinero que
maneja Cassaba, hacía prever
que el hecho consumado, el
paso del tiempo y el crecimiento
de la estructura parasitaria
que administraría en beneficio
propio tantos fondos, consolidarían
para siempre la situación.
Muchos de quienes nos opusimos
desde el primer momento a
Cassaba dábamos ya por perdida
la batalla suponiendo que,
a lo sumo, las futuras elecciones
en el Colegio Público de Abogados
de la Capital Federal dirimirían
luchas por la administración
de los fondos y por tal o
cual cargo, pero que la proliferación
de puestos burocráticos, subsidios
y entenados haría imposible
una marcha atrás en el tema.
Así, ninguno de los candidatos
a los que se otorgaba posibilidades
de ganar las elecciones del
pasado 25 de abril cuestionó
con demasiada dureza a Cassaba.
Mientras el ex Juez de la
Corte Gustavo Bossert se manifestaba
encantado por los programas
y subsidios instrumentados
por el organismo, el ex Inspector
de Justicia Ricardo Nissen,
sostenida que era "una institución
excelente" pero que podía
ser mejor dirigida. Sólo Guillermo
Borda propuso una consulta
entre los matriculados sobre
el carácter obligatorio de
la afiliación.
Pero, contra todos los pronósticos,
como sólo ocurre en las películas
americanas, quien se impuso
en las elecciones fue el independiente
e ignoto Jorge Rizzo, al frente
de la lista Gente de Derecho.
Rizzo, quien creó la asociación
que lo respalda hace apenas
dos años y que carece del
alto perfil y los frondosos
antecedentes de sus contrincantes,
hizo de una radical postura
anti Cassaba prácticamente
su única bandera de campaña.
Su inesperado triunfo trajo
una bocanada de aire fresco,
no sólo a la comunidad de
abogados de la Ciudad de Buenos
Aires, sino a toda la sociedad
argentina. Pues, con un discurso
simple y consistente, sin
promesas demagógicas ni oferta
de prebendas y sin necesidad
de trapicheo ni pacto subrepticio
alguno con los poderes de
facto, hizo morder el polvo
a todos los aparatos existentes,
cuyos punteros todavía no
se recuperan del asombro.
Derrotó a Borda (Presentes
por el Futuro), que contaba
con el apoyo explícito y disciplinado
del Colegio de Abogados de
la calle Montevideo y sus
áreas de influencia. Derrotó
a Bossert (Defensa de la Defensa),
a quien el continuismo sindical
de los beneficiarios directos
de Cassaba, consideraba la
cara bonita y pres entable
que les permitiría seguir
disfrutando del status quo.
Derrotó al cazador de brujas
offshore y cruzado contra
la responsabilidad limitada
de las personas jurídicas,
Ricardo Nissen (100 x 100
Abogados), cuya declamada
coincidencia ideológica con
el gobierno le auguraba el
apoyo oficialista.
El Colegio Publico de Abogados,
en cuyas elecciones apenas
votaron unos 13.000 matriculados,
sobre 40.000 en condiciones
de hacerlo, sigue sin ser
representativo, pero acaba
de brindar a la ciudadanía
- que no pudo en diciembre
del 2001 con el "¡ Que se
vayan todos !" liberarse de
una clase política caduca
y anacrónica -la prueba de
que es posible vencer a los
dinosaurios por grandes y
poderosos que parezcan.
No conozco al Dr. Rizzo ni
a ningún integrante de su
agrupación. Ni siquiera lo
voté, porque sigo creyendo
que la abstención es la mejor
manera de quitar legitimación
a un Colegio al que fui forzado
a asociarme y tanto mi natural
escepticismo como la desconfianza
propia de los argentinos de
mi generación me impiden poner
ficha alguna a su futura gestión.
No obstante, si el Dr. Rizzo
y su Gente de Derecho cumplen
sus promesas de campaña y
disuelven Cassaba o al menos
derogan la afiliación compulsiva,
contarán, de aquí en adelante,
no sólo con mi voto sino con
mi agradecimiento y simpatía.
Fabián Rodríguez
Simón
Integrante
del Estudio Llerena y Asociados.
8
de mayo de 2006 |